Yo permanecía en silencio, no tenía nada que decir, solo sentía odio e ira hacia mi padre... ¿porque? solo fue una estúpida pelea con mi hermana...
- No tengo nada que decir respecto a esta situación tan estúpida- dije con la mirada fija en el suelo.
Entramos en una habitación la cual estaba iluminada por una lampara color rojizo. En el centro estaba situado un trono en el cual estaba sentado un hombre de cabellos oscuros y ojos color gris. En sus rodillas estaba Revengier, la cual estaba abraza por mi padre.
- Padre... fue horrible... -dijo mi hermana mientras lloraba desconsoladamente.
El hombre levanto la vista y me miró fijamente, tenía una cicatriz en el ojo izquierdo.
- ¿Que clase de criatura tengo delante...?- dijo mi padre mientras se levantaba dejando a Revengier en eu suelo.
- ¿Que clase de padre tengo delante...?- contesté llena de ira.
-¿¡Como osas dirigirte ami con tanta chulería!?- gritó el.
Levanté la cabeza y enarque una ceja observándole. Empezaba a irritarme, sentía como la sangre me fluía rapidamente por mis venas, y como el corazón se aceleraba bruscamente.
- Del mismo modo el cual me habéis criado- contesté sonriendo.
Mi padre rapidamente se acercó ami con tanta furia que me agarro del cuello. Gruñía... estaba furioso, como yo. Cogí el valor suficiente como para soltarme, coger una daga y gruñendo y gritando hacerle un pequeño corte en la cara.
- NO ME TOQUES MALDITO BASTARDO- grité mientras corría con la daga en la mano izquierda.
Mi padre corría detrás de mi, sentía como mis piernas empezaban a fallarme, me dolían. Entré en una sala la cual estaba completamente a oscuras, de repente alguien me cogió por detrás y me giró.
- Padre no se merece esto...- dijo una voz infantil y dulce.
Era mi hermana, la reconocí al instante. Encendió una lampara y me observo seriamente. Aún me dolían las piernas, por el simple echo de la tortura que me realizaron.
- ¿Que hablas?- la dije llena de furia mientras le daba un bofetón en la cara.
Ella empezó a llorar y llorar, eso me irritaba y cabreaba más.
- Eso, llora, para eso sirves tu...-
Empecé a impacientarme, tanto delirio me cabreaba.
- Como pudiste... decirle eso a padre... - prosiguió Revengier.
Ya cabreada cogí la daga y empujando a mi hermana clavé la pequeña arma en su pecho. Gruñía, seguí clavandole la daga en diferentes partes de su cuerpo. La había destrozado...
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